Hoy Enrique, nuestro urólogo, tenía 3 fimosis para hacer de buena mañana. Pero las urgencias lo acaban cambiando todo. “Una embarazada”, nos avisa Ismael y todos corremos casi por instinto, porque en este país, si estás embarazada y crees que todo va bien, no te acercas a un hospital ni para parir. Aquí sólo 4 de cada 10 mujeres serán atendidas por un profesional de la sanidad durante su gestación o durante el parto.

He conocido una mujer que se puso de parto en su aldea, nació un bebé y notaba que traía otro, pero como no salía anduvo 7 horas hasta llegar al hospital Simao Mendes (el hospital general del país). Una vez allí tuvo a su segundo hijo (no me imagino como debía estar el pobrecillo) y a las pocas horas volvía andando a casa con sus dos retoños. Y no es un caso único. Por eso, cuando aquí una mujer embarazada dice que algo no va bien, es que hay que correr.

Efectivamente, trae una placenta previa que pone en grave riesgo tanto su vida como la de su bebé y hay que actuar rápido. Sangra mucho y la mamá no parece especialmente bien nutrida, así que hacemos una cesárea de urgencias y una preciosa niña asoma sus ojillos al mundo.

Más tarde, en quirófano nos espera Emiliana, una niña de 4 años a la que aún no le conozco la sonrisa. No pienso irme de Guinea Bissau sin conseguirlo. Tiene una hernia gigante y cuando digo gigante me refiero a algo tan enorme que le ocupa casi todo el abdomen. La hernia está dura y le duele constantemente. Emiliana está muy delgadita por lo que la hernia está afectando también a su nutrición. Cuando abrimos nos encontramos con una increíble sorpresa: la pequeña no sólo tiene los intestinos en la hernia, sino que también encontramos ¡el hígado! La cirugía se ha complicado y mucho, porque existe una grave pérdida de domicilio de los órganos, es decir, el cuerpo de la pequeña no tiene espacio para devolver a su lugar natural el hígado y los intestinos. Cuando intentamos poner cada órgano en su sitio, el diafragma de la pequeña Emiliana no da de sí y compromete su respiración. Todo el equipo suda y esta vez no es por el calor, os lo aseguro. Su hernia era como un saco enorme y su organismo había decidido ocuparlo e integrarlo como una parte más, con todo el peligro que eso conlleva. Lo volvemos a intentar y vemos como los minutos se alargan y se convierten en horas. Esperamos… esperamos… esperamos que la pequeña respire con fuerza… y, aunque no con la energía que desearíamos, lo consigue. Poco a poco, acostumbrándose a que todo esté en su lugar. Duerme tranquila y nosotros respiramos felices. No queremos ni imaginar que hubiese pasado si Emiliana hubiera recibido un golpe fuerte en su hernia, en su hígado… mejor no pensar.

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