
La mamoplastia de reducción es una operación que consiste en reducir los
senos, aligerándolos de peso y devolviéndoles la firmeza. Dirigida a
mujeres que tienen un pecho demasiado grande y caído y que pueden
padecer problemas médicos –dolores de espalda y cuello, problemas de
respiración o deformidades en el esqueleto- esta intervención también
puede reducir el tamaño de la areola para que esté en consonancia con el
resto del seno.
Todas aquellas mujeres que deseen dar el pecho a corto o medio plazo
deben tener en cuenta que es mejor esperar a someterse a esta operación
hasta que la lactancia haya terminado totalmente.
La mamoplastia de reducción suele practicarse bajo anestesia general y
dura aproximadamente dos horas, aunque puede alargarse según cada caso.
La técnica más común para este tipo de cirugía consiste en hacer una
incisión en forma de ancla siguiendo la línea natural del pecho; extraer
el exceso de tejido glandular, la grasa y la piel sobrantes y mover el
pezón y la areola hasta su nueva posición.
Después de la intervención, la paciente deberá llevar un sujetador
deportivo, que será sustituido al cabo de unos días, por un sujetador
quirúrgico más suave. Durante la primera semana es posible que sufra
algunas molestias –algo más intensas durante los dos primeros días- y
que note una pérdida de sensibilidad en el pezón y la areola, que irá
recuperando poco a poco.